Arranca la séptima edición del Festival Internacional de los Cabos

Y rinde homenaje al creador de mundos fantásticos, Terry Gilliam.

por Ainhoa Silverstein | hace 1 semana

En la actualidad es muy común escuchar sobre el nacimiento de nuevos festivales de cine. A lo lejos parece normal exclamar “¡¿Otro festival de cine?!”. Lo cierto es que pocos han llegado a madurar como Festival Internacional de Cine de los Cabos (LCIFF) el cual se mantiene en medio de lo que parece ser un paraíso de agua cristalina, playas y palmeras, al que cada año, a principios de noviembre, llegan cineastas y alguna que otra estrella protagonistas de más de 40 largometrajes. Es una situación muy diferente que la del Riviera Maya Film Festival, que a pesar de tener un excelente marco y programación, se realizó por última vez en 2016.

A seis años de su fundación, y sin evidencia de algún malestar, el Los Cabos International Film Festival muestra buenos signos vitales, se le ve bastante sano.

Desde su creación, el LCIFF fue planteado como un lugar de encuentro para las industrias cinematográficas de México, Canadá y Estados Unidos, pero sería limitado pensar que el dertamen es exclusivamente un evento para profesionales de la industria. Su programación e invitados muestran también un interés en los espectadores, para quienes han atraído estrenos nacionales de importantes películas y las visitas de algunas de las mayores estrellas de los tres países.

Basta recordar que en su primera edición el Festival Internacional de los Cabos recibió la visita de Melissa Leo, Edward Norton, Diego Luna, Gael García Bernal, Dolores Heredia y Octavia Spencer, por mencionar algunos. En años recientes fue en Los Cabos donde tuvieron su estreno filmes como El sacrificio de un ciervo sagrado (2017) de Yorgos Lanthimos (cuya cinta The Favourite inauguró la edición de este año) o Jackie (2016), de Pablo Larraín. También se han proyectado importantes películas mexicanas como Güeros (2014), de Alonso Ruizpalacios, la cual ganó la competencia oficial.

Con este historial y homenajes a Oliver Stone y Paul Schrader, este año toca el turno para que el festival rinda homenaje al creador de mundos fantásticos y poseedor de un peculiar sentido de humor negro, Terry Gilliam, uno de los directores más reconocidos por sus distopías, con las que ha elaborado enigmáticas reflexiones sobre la condición humana. No se dejen engañar, a pesar de que el realizador nacido un 22 de noviembre de 1940 en Minneapolis, Minnesota, crea mundos de ensueño, las películas de Gilliam son cuentos enfocados a una audiencia adulta debido a su ácido humor, su perturbador acercamiento a la crueldad y su particular forma de retratar las injusticias globales y sociales.

Las actividades del LCIFF iniciaron la tarde de ayer teniendo como marco perfecto el maravilloso cielo bajacaliforniano. Gilliam fue el encargado de dar inicio a las actividades del festival, en el que presentará un proyecto fundamental en su carrera profesional, la cinta The man who killed Don Quijote, en la cual ha invertido casi 30 años de su vida y muchísimos dolores de cabeza.      

El director consiguió la fama mundial al unirse al grupo británico de comedia Monty Python y, aunque sus contribuciones fueron más bien tras la cámara al desempeñarse como guionista y animador, esa participación le sirvió para estar ligado por siempre al show televisivo.

A medida de homenaje, recordemos algunos de los proyectos de este realizador:

Time Bandits (1981)

Kevin, un niño con mucha imaginación y aficionado a la lectura, se encuentra en su armario con un grupo de enanos (entre ellos Kenny Baker, el actor que dio vida a R2-D2 en Star Wars) que viajan por el tiempo para lograr escapar de “la Entidad Suprema”, el creador de todo. Los enanos roban tesoros en distintas épocas, pero su habilidad de viajar por el tiempo permite que ellos y Kevin conozcan a figuras históricas de la talla de Napoleón Bonaparte, Agamenón (Sean Connery) o Robin Hood (John Cleese). Utilizando de forma magistral los efectos especiales y los escenarios, Terry Gilliam creó una de las más emocionantes fantasías sobre viajes en el tiempo.

Brazil (1985)

Sin dudarlo, la obra más personal y ambiciosa de Terry Gilliam. Se sitúa en un extraño y deprimente universo futurista donde reinan las máquinas. Una mosca cae dentro de un ordenador y cambia el apellido del guerrillero Harry Tuttle (Robert De Niro) por el del tranquilo padre de familia Harry Buttle, que es detenido y busca ser liquidado por el aparato represor del Estado. En este filme Terry Gilliam nos hace pensar ¡vaya futuro que nos espera! Ya que según el realizador, es una suerte de estado burocratizado, repleto de excesos, donde pervive una sociedad trabajadora estancada en un ecosistema oscuro y pesado donde apenas hay lugar para el desahogo.

12 Monos

Aquí un hombre viaja al pasado con la misión de encontrar la cura de un virus que acabó con la humanidad y en la travesía debe encontrar a quien propagó esta amenaza y, de paso, el significado de un sueño recurrente. La esencia de Brazil se puede percibir en esta cinta asimismo inspirada por el cortometraje clásico de culto La Jetée (1962), de Chris Marker. La cinta nos enfrenta a ciudades y escenarios oxidados y en ruinas vistos por un confundido James Cole interpretado por Bruce Willis, quien se aleja de su imagen de héroe rudo de acción para interpretar una figura más frágil y empática, más cercana al ciudadano promedio.

Del 7 al 11 de noviembre de 2018 el Festival Internacional de Cine de Los Cabos presentará lo mejor del talento de México y Latinoamérica al mercado norteamericano, a través de un programa fílmico cuidadosamente curado.

FOTO: WIKIPEDIA / Georges Biard.