Un emotivo The Weeknd y un Jarre ecopolítico se lucen en el festival de Coachella

The Weeknd trajo una intimidad emocional prima mientras encabezaba la primera noche del festival Coachella.

por AFP | hace 3 meses

The Weeknd trajo una intimidad emocional prima mientras encabezaba la primera noche del festival Coachella, donde uno de los pioneros de la música electrónica, el francés Jean-Michel Jarre, iluminó el cielo del desierto de California con láser y llamados para proteger el medio ambiente.

Nucleando a 125 mil espectadores arropados por los mantos de la moda —o al menos, fans escasamente vestidos en este soleado sitio ubicado en Indio—, Coachella se ha convertido en el titán de los festivales de música y en una marca global en la que una batería de shows de famosos artistas que tocan fines de semana consecutivos con idénticas alineaciones en todos los casos.

Apenas dos semanas después de su lanzamiento sorpresa del My Dear Melancholy, de seis pistas, que se convirtió en el trabajo más corto en encabezar la lista de álbumes más escuchados de Estados Unidos en casi una década, el cantante etíope-canadiense The Weeknd entregó un conjunto de éxitos bien recibido y nuevo material.

My Dear Melancholy, —la coma puesta de forma deliberada, como si fuera parte de una carta confesional— muestra una introspección recién descubierta por parte de la sensación del R&B de 28 años, yendo más allá de la valentía de algunos de sus primeros éxitos.

Ante la concurrida audiencia presente en el escenario principal, The Weeknd lloró ligeramente mientras cerraba su nueva canción "Call Out My Name" con luces apagándose al son de una guitarra sin adornos ante algunos fanáticos boquiabiertos.

La canción —que comienza con "Nos encontramos el uno al otro / te ayudé a salir de un lugar destruído"—, se especula que reflexiona sobre su romance efímero con la estrella latina del pop Selena Gomez, con quien fue descubierto abrazados hace un año mientras asistían al Coachella como espectadores.

Llamamiento por la Tierra

Recién saliendo de una expansión de terrenos utilizados el año pasado, la edición 2018 de Coachella trajo un nuevo mercado de comida artesanal y obras de arte originales, incluyendo cúpulas barrocas sorprendentemente translúcidas del escultor italiano Edoardo Tresoldi.

Cuando la fiesta musical entró en la noche, pocos parecían reaccionar a las noticias de que las naciones occidentales habían lanzado ataques contra Siria, con teléfonos inteligentes omnipresentes aunque a menudo con servicio de datos entrecortado.

Pero entonces Jarre inyectó algo de conciencia política mientras actuaba tras la puesta del sol, con sus láseres perforando profundamente el cielo.

Tocando su frenética "Exit" (Salida), Jarre saludó a su colaborador Edward Snowden, el excontratista de inteligencia que huyó de Estados Unidos tras revelar el alcance internacional de la vigilancia gubernamental en las redes y otros ámbitos.

Muros de luz rodearon a Jarre, mientras Snowden aparecía en un video discursando sobre la importancia de la privacidad, un mensaje muy oportuno en medio del escándalo de traspaso indebido datos personales por parte de Facebook.

"Esta noche desde el desierto de Coachella, demos un mensaje fuerte a todos los líderes mundiales en su sano juicio: queremos que cuiden y protejan el futuro de nuestro planeta", dijo Jarre.

Jarre ha realizado algunos de los conciertos más grandes de la historia, incluido un multitudinario espectáculo de luces en Moscú en 1997, pero había tocado poco en Estados Unidos hasta ahora.

En declaraciones previas a la AFP, Jarre sostuvo que se sintió atraído por Coachella en parte por su fascinación por los desiertos y la escasez de agua: "Es lo que me gusta en la vida: intentar explicar algo nuevo, y estar en un festival como éste es algo nuevo", declaró.

"No se puede comparar ningún festival del mundo con Coachella. Es como una ciudad en el medio del desierto, una ciudad de la música", opinó.

Escenario peculiar

Otra actuación ambiciosa vino de la rockera independiente St. Vincent, que apeló a imágenes casi dadaístas para acompañar el set de su banda.

Durante una canción, St. Vincent apareció en un video mirando una manzana y una fresa en descomposición, mientras que en otro su boca babeaba un jarabe verde intenso que hacía juego con un saltamontes posado en su mano.

Coachella también marcó un regreso para Jamiroquai, el grupo británico cuya marca de funk-pop les dio fama en la década de los noventa con canciones como "Cosmic Girl" y "Space Cowboy".

En su primer concierto en Estados Unidos desde 2005, Jamiroquai encontró a fans entusiastas y bailarines que estallaron de alegría al ver a otro célebre en el escenario: el rapero negro Snoop Dogg, con quien comparten el gusto por la marihuana.

Los invitados sorpresa son un sello distintivo de Coachella. El rapero ganador del Grammy Kendrick Lamar, quien encabezó el festival el año pasado, hizo dos apariciones el viernes sumándose al cantante SZA y al rapero Vince Staples.

Fuente: AFP