La magia regresa al teatro con Una rebanada de Luna

“Tan buena como las carcajadas”

por Demian Zavoznick | hace 2 semanas

Sería estupendo disfrutar de buenos momentos que nos ayuden a soñar, reír, disfrutar, observar, cuidarnos y desarrollar habilidades en el aprendizaje, para quizás así abrazar la fantasía, la intuición y el cariño a nuestro alcance, más allá de las adversidades. En otras palabras, sería estupendo vivir en un cuento de hadas. ¿Acaso es posible? Parece que sí, como exhiben espectáculos divertidos que deleitan y motivan a todo tipo de públicos, en especial a los niños tímidos o extrovertidos, para vincularse mejor consigo mismos y su entorno. ¿No sería genial que ellos adquieran mayor control de su mundo para dejar a un lado los temores o frustraciones diarias y mejor gozar de cada instante, admirando las increíbles posibilidades que ofrece respetar al prójimo?

Sin duda, este extraordinario cambio de perspectiva parece vital para comprender que soñar no es sólo fantasía, sino un componente básico de cualquier disciplina, ya sea arreglar una habitación, realizar trabajos típicos del diario, cocinar, relacionarse con los padres, aceptar las diferencias o experimentar un agradable momento de lectura. El chiste es saber cómo modificar las rutinas para transformar los instantes (sino es que aceptarlos) como oportunidades maravillosas.

La obra de teatro familiar de títeres Una rebanada de Luna, original de Leticia Negrete y Esmeralda Peralta, aborda esta serie de conceptos y exploraciones con un sobresaliente trabajo escénico y las mejores intenciones. En ella conocemos a Elfo y Puck, dos gnomos que viven en el bosque. A Elfo le encanta leer cuentos, mientras que Puck se la pasa preparando mermelada. Un día, en el bosque que habitan llega Radegunda, una bruja que con su presencia desatará una serie de enredos y eventos desafortunados que harán de éste un cuento inolvidable…

En la comunicación oficial de esta deliciosa obra de teatro de títeres, entienden que en la Sala Novo del Teatro La Capilla de la CDMX, el encantamiento es pan de todos los días. Ésta es una obra que exhibe cómo las varas de virtud siempre tienen una estrella brillante en la punta.

La producción de Cia Letieteres con la producción de Metro y Medio y Neurona RB ofrece un excepcional montaje con Una rebanada de Luna, que cumple la meta de ofrecer “un teatro muy particular, donde lo sencillo se vuelve extraordinario al cobrar vida, como los viejos cuentos que nos contaban de pequeños. Es ahí cuando sucede la magia. Y en esta versión del montaje a cargo de Metro y Medio y Serebroz, se a preparado una experiencia completa que los niños y sus papás tiene que vivir”.

“Mientras el público entra y se encuentra sentado en su butaca, se prepararán los sentidos. Cuando se acerca la tercera llamada, la luz cambiará a noche y nos iremos acercando a la casa de los elfos con un aroma a mermelada de fresa. Así, el público disfrutará de la función en una experiencia inmersiva.”

Al ingresar a la sala observamos a un tierno Elfo que parece satisfecho mientras disfruta su propia forma de ser. Parece ser un poco distraído pero noble, y seduce nuestra atención cuando prepara mermelada junto al severo Puck. De esta manera, Leticia Negrete (la directora de la obra) y Sebastián Negrete, con el apoyo de Verónica Durán, nos sumergen en una de esas historias que comienzan con un "Había una vez..." y de inmediato nos transportan a un tiempo sin principio ni final. El momento parece ser cualquiera pero lo asimilamos en el presente, guiados por una muy destacada y divertida coreografía y trabajo actoral vocal que estructura los mensajes y profundidad de la obra. Los espectadores nos enfocamos en el contexto de la relación entre Elfo y Puck, con un Elfo amante de la imaginación y de los libros de cuentos, de sus amigos y compañeros. El personaje de repente se halla solo y le dice al libro de cuentos que lo acompaña: "Buenas noches libro, cierro tus hojitas, para que no te dé frío". Uno se conmueve y reflexiona sobre la importancia no solo de dilucidar, sino de la dedicación y el cuidado en los detalles. Todos los niños y espectadores en la sala lo comprenden para acto seguido casi arrurrullar en el pensamiento a un Elfo que duerme y monta sobre una luna que vuela y transporta a la paz no solo a este gracioso ser, sino a todos los espectadores.

En contraposición, Puck es exigente y busca impulsar los valores del orden. La dualidad exhibida en las dinámicas de los personajes marca contrastes creativos en las viñetas narrativas, junto a efectos de sonidos y una banda sonora aderezada por, claro, las exclamaciones espontáneas y la participación de los pequeños espectadores. El público es un juez atento y feliz que aprueba el trabajo teatral y escenografía minimalista que, sin necesidad de mayores distracciones, manifiesta una necesaria meticulosidad y amor por la obra y los asistentes por parte del equipo creativo detrás del montaje escénico.

Sin duda sobran los elementos valiosos y destacados en Una rebanada de Luna. Sus artífices nos divierten y subrayan ideas clave en cualquier cuento, como que el trabajo puede ser una actividad agradable. También hacen hincapié en temas humanos, como el valor de la tolerancia mediante la aparición de una Radegunda que, en las palabras propias de la bruja, “es tan buena como la mermelada, las carcajadas y los cuentos”. No obstante, la presencia de esta hechicera desata los miedos de un Puck que, presa de la falta de comunicación y los prejuicios, aunque sin malas intenciones, obstaculiza la paz entre los personajes. El reto será comprender que todos van juntos en esa luna y aceptar que no hay barreras entre la más virtuosa y amorosa imaginación, la fantasía y la realidad. Si lo logran, comprobarán que el mejor cuento es siempre creer posible al amor; es el hechizo clave para experimentar una vida plena en cada instante, como niños, como adultos, como amantes de la magia y luz que alumbra cada momento.

Teatro La Capilla - Sala Novo. Calle Madrid 13, Del Carmen, 04100, Ciudad de México, CDMX.
Funciones: Domingos - 12:30 horas.
Fin de temporada: 16 de diciembre

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Fotografías: Ulises Ávila