Tamara Rojo: el Brexit será negativo para las artes en Reino Unido

Tras 20 años de una carrera artística en Londres, la española Tamara Rojo teme ahora el "efecto negativo" del Brexit.

por AFP | hace 2 meses

Tras 20 años de una carrera artística en Londres que le valió ser considerada una de las mejores bailarinas de su generación, la española Tamara Rojo teme ahora el "efecto negativo" del Brexit en "la ciudad culturalmente más interesante del mundo".

De figura esbeltísima y cabello azabache que le dan un parecido con la actriz Audrey Hepburn, esta española de 44 años es desde hace seis directora artística del English National Ballet (ENB), una de las cuatro grandes compañías inglesas.

Aquí se estrenó como primera bailarina hace dos décadas antes de convertirse en la estrella del prestigioso Royal Ballet a principios de los 2000.

Esta carrera, afirma, no hubiese sido posible si Reino Unido no le hubiese abierto sus puertas, algo que puede complicarse para otros tras el Brexit.

"Ya está teniendo un impacto en los planes de futuro de muchos ciudadanos" europeos y "puede ser que gente con mucho talento, que tiene mucho que aportar a la sociedad, decida no invertirse en este país", advierte en una entrevista con la AFP.

Exiliado durante el franquismo (1936-1975), su padre conoció a su madre, también española, en Canadá y allí nació esta hija única que poco después se mudó con su familia a Madrid, donde aprendió a bailar con Víctor Ullate.

Como directora artística del ENB revolucionó el repertorio con creaciones como la versión de "Giselle" que encargó al coreógrafo Akram Khan, en la que la protagonista es una refugiada.

Ha impulsado el trabajo de las mujeres y convertido a la compañía, que en 2012 atravesaba momentos difíciles, en una de las líderes en creatividad del mundo, lo que para ella "es un gran orgullo".

Pero su gestión no ha estado libre de polémica: a principios de este año The London Times afirmó, citando a fuentes anónimas, que el ENB había perdido un tercio de sus bailarines en dos años entre acusaciones de mal ambiente laboral y conflicto de intereses por su relación sentimental con el bailarín principal, el mexicano Isaac Hernández, de 28 años.

De todo ello, Rojo habla sin tapujos.

Barreras artísticas

P: ¿Cómo ve la perspectiva del Brexit y esa mentalidad insular que conlleva?

R: Con consternación y con preocupación: lo que convirtió a Londres en la que es para mí la ciudad culturalmente más interesante del mundo es precisamente haber sido centro de reunión para culturas de muchos países, muchos idiomas y tradiciones diferentes.

P: ¿Cómo puede impactar en el mundo del arte?

R: En el flujo de artistas, porque muchos cuando vienen, como vine yo misma, no entran a un nivel en el que te darían una visa de trabajo o entran como freelance. Si de repente diseñadores, iluminadores, músicos, bailarines, actores, escritores tienen que pasar por un proceso de visado (...) va a tener un efecto negativo en las artes y las industrias creativas en Reino Unido.

P: ¿Es este un buen momento para las mujeres creadoras en la danza?

R: Aunque en otras épocas tuvieron gran relevancia coreógrafas como Nijinska, Martha Graham o Pina Bausch (...) hubo después una decadencia en la importancia de la mujer tanto en la coreografía como en la dirección artística, pero creo que esto está cambiando. En seis años yo he comisionado a 25 coreógrafas la creación de 28 piezas. Para dar una comparación, una compañía como el Royal Ballet no había comisionado a una mujer en 20 años.

P: ¿Cómo se zanjó la polémica sobre su relación con Isaac Hernández?

R: Es muy difícil defenderse contra acusaciones anónimas pero desde el principio fui muy clara: Isaac Hernández entró en la compañía ya como bailarín principal con una carrera y una categoría incuestionables, con todos los reconocimientos, (...) su posición no dependía de mí así que no había conflicto de intereses.

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P: ¿Fue la Giselle de Akram Khan la prueba de que en el siglo XXI se han roto las barreras entre danzas clásica y contemporánea?

R: Esas barreras se rompieron antes (...) lo que es único de esa "Giselle" fue que mezclamos dos tradiciones diferentes, el ballet clásico y el Kathak indio, y todo dentro de un concepto contemporáneo. Fue un paso más allá de la conversación entre lo clásico y lo contemporáneo.

P: ¿Servirá el nuevo local del ENB en la London City Island, que se inaugura en 2019, para proseguir con esa revolución?

R: Va a abrirnos muchísimas posibilidades porque va a ser un edificio que podemos compartir con otras artes escénicas (...), grandes directores de teatro van a colaborar con nuestros artistas, grandes diseñadores van a colaborar con los coreógrafos, va a ser transformador para el mundo de la danza en Reino Unido más allá del English National Ballet.