Historias de mujeres con logros extraordinarios, delante y detrás de cámaras

Esta fecha sirve como pretexto para recordar algunas de las cintas dirigidas por mujeres y reconocer su huella cinematográfica.

por Alex Cárdenas | hace 6 meses

Hoy en día la palabra feminismo parece estar en boca de todos, pero son pocos los que realmente entienden lo que significa ser feminista (además de que no es un término cerrado y hay debates sobre las corrientes asociadas) y qué fue lo que obligó a millones de mujeres (y hombres) en todo el mundo a comenzar a usar el término. El Día de la Mujer es un tributo a la lucha, pero también a todas esas mujeres que la protagonizan, que se niegan a ser tratadas de forma injusta y que se atreven a alzar la voz por el bien mayor.

Aunque los tiempos actuales han detonado la existencia de diversos movimientos, con apoyo y detractores por igual. Lo cierto es que ninguno es realmente nuevo excepto en su popularidad. Desde siempre se ha tratado de combatir el racismo y el sexismo, y no es extraño que se pida a la industria del entretenimiento que represente mejor a ciertos sectores, pues al fin y al cabo crean productos para las masas.

La industria del cine ha puesto su granito de arena mostrándonos las historias de mujeres comunes que lograron cosas extraordinarias, delante y detrás de cámaras.

Y es cierto, siempre existirán opiniones encontradas, por ejemplo: la actriz Jessica Chastain (Molly’s Game) fue parte del jurado de Cannes 2017 y en una conferencia comentó que, luego de ver varias cintas de distintas partes del mundo, se sentía preocupada por la manera en que la mujer era retratada en el cine actual. Es difícil precisar qué detalles molestaron a la actriz; después de todo, es un tema que puede ser altamente subjetivo y que no tiene que ver sólo con cuotas de inclusión, sino también con perspectivas artísticas. Una cosa es una imagen negativa sobre la mujer en una película y otra lo que un grupo feminista o de ideologías pueda considerar “negativo” de acuerdo con su criterio. Otra situación ocurrió cuando un grupo de autoproclamados “defensores” de la mujer protestaron la decisión de la ONU de nombrar a la Mujer Maravilla embajadora del género femenino. Se pide y exige que haya más películas con mujeres fuertes en pantalla, pero aparece alguien como la guerrera amazona y ante las dificultades del tema, hay quienes se quejan de que el personaje tenga las axilas depiladas o es demasiado violenta (por mencionar unos ejemplos). Pero es mejor que existan estas discusiones a que no existan y se impongan modelos sólo desde el poder.

Esta fecha sirve como pretexto para recordar algunas de las cintas dirigidas por mujeres que más aprecio y reconocer su huella cinematográfica, que ha defendido su trabajo y materializado sus sueños.

Las Playas de Agnès

Dirección: Agnès Varda

Vivir su vida. La mítica Agnès Varda emprende una recolección de momentos autobiográficos, desenreda las memorias de su infancia en Bruselas mientras disfruta de su condición actual de abuela rodeada de niños. Revela sus comienzos profesionales y nos sumerge en una exposición suya en la Fundación Cartier. Esta búsqueda improvisada llega al límite del desconcierto cuando la directora visita la casa de su infancia y encuentra a un señor apasionado por los trenes, que dinamita en un instante el matiz nostálgico de la película.

North Country

Dirección: Niki Caro

Charlize Theron protagoniza esta cinta sobre un caso de acoso sexual en el espacio de trabajo que tuvo un resultado favorable para las víctimas. La cinta muestra una oscura realidad que muchas mujeres tuvieron (y han tenido) que soportar con tal de tener un medio para mantener a sus familias.

Suffragette

Dirección: Sarah Gavron

Gavron nos muestra a las mujeres que participaron en el movimiento sufragista británico que finalmente logró que la mujer tuviera la posibilidad de votar. La cinta se centra en mujeres específicas y nos deja ver cómo cada una de ellas fue tratada como criminal por el simple hecho de querer votar.

Perdidos en Tokio

Dirección: Sofia Coppola

Sofia Coppola nos sumerge, a su manera, en el breve y desesperado encuentro entre dos individuos perdidos en un lugar extranjero: Charlotte (Scarlett Johansson) y Bob Harris (Bill Murray); a estas alturas, como tantas otras personas, parecen no saber quiénes son ni qué están haciendo, pero siguen adelante. La realizadora sitúa la cámara frente a estos personajes sin pedirles que hagan nada especial, para que los observemos y comprendamos su situación, en escenas íntimas, para que respiremos su mismo aire, experimentemos su misma soledad y desorientación.

"Nunca volvamos aquí otra vez, porque nunca volverá a ser tan divertido", Charlotte.

Esto evidentemente es lo que molesta a los detractores del filme y de los movimientos actuales (no me detendré en los haters negativos, primitivos y que no proponen sino destruyen) que creen que le falta movimiento (de que hace falta, como con los movimientos feministas, no hay duda): más velocidad, una historia más definida sin tanto espacio ni silencio. Pero precisamente ahí es donde reside su encanto, en la sutileza, en los pequeños detalles, en el cuidado, en la feminidad.